Macumba


"La razón es siempre una región aislada de lo irracional"
G. Deleuze

"llamaré juego del lenguaje al conjunto formado por el lenguaje y las acciónes con las que está entrelazado"
L. Wittgenstein



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Hay una extraña relación entre la brujería, la psiquiatría, la sofística, la alquimia, la poesía, en fin: los afectos como palabras marcadas a fuego en el cuerpo, que le "hacen una memoria" al animal humano como entenderán los medicos nietzcheanos. Estan con nosotros aquellos extramolares (ja! quise decir extramorales pero también vale) que vean la salud o la decadencia de los símbolos que pesan sobre la conducta del "animal lingüistico" (para usar una expresión de Paolo Virno). Volvamos a la confluencia planteada al comienzo de este paragrafo, tratar de captar entre un obillo complicado de criptografías puntos de dispersión que, a la vez que permiten llegar a la transvaloración, la transmutación, a la subversión, nos muestran también la manera en que nos enferma el lenguaje gregario y subordinado -conversión platónica- ("autonomo" como opuesto a "moral" como dice la Genealogia). Gorgias recordaba tanto la condición embriagadora del lenguaje como su poder coactivo y enfermizo. Pero entre los nombrados uno ocupa un lugar nefasto y es el psiquiatra, que mucho no sabe de conjuros más que medicando síntomas clasificado en un grán mapa clínico (como el CIE 10): pero es el más perverso (no vale esta análoga contradicción) mejor digamos civilizador, algo más dañino que lo salvaje a fuerza de zombificar el cuerpo. "¿Cómo pueden ver ellos su locura cuando son dioses en el hospicio?"
La soberbia organicista de la ciencia se da vuelta al reconocer lo mórbido en la misma práctica disciplinaria. En todo caso necesitamos la enfermedad para franquear pacientemente los límites sabiendo que nos puede llevar a ser suicidados por la sociedad. No nos importa si vamos y volvemos en favor de la enfermedad. Los decadentes en sus polos demuestran un miedo a la certidumbre de la locura, y retroceden al alejarse un cacho de su "cordura". Esto solo es miedo a la incomprensión, ese presentimiento de que uno se sale de la orbita y no puede reestablecer los códigos, incomunicación. Por bién de su salud estos hombres no dejarían de aferrarse a sus edificios del conocimiento pensimentados por muertos.

A nosotros la locura nos produce mucha risa, y hace que apreciemos más el silencio. Los poetas tienen la potencia del despota, el más corrompido de todos es el publicista. Sabemos lo que es una macumba y como ennuda nuestros organos con sus hilos. Como también la potencia de desorganización que desmiembra, descabeza (mantis y cucarachas), desterritorializa y descodifica, una macumba activa que acreciente los mil fines que se cruzan en el azhar, la naturaleza no esconde una finalidad ni una intención. Otra es la remacumbación despotica.
Los poetas que hayan logrado el desapego con sus propias palabras, trazaran un mapa deseante con claves del cuerpo. Espero amigos, que a uds. mis palabras no les pesen por intentar entenderlas, nosotros hacemos groseros nudos a la escritura pero en la vida la poesía debe estar desatada. Vemos entonces, como dice Artaud, que "toda escritura es una cochinada", porque lleva a la superficie mucha mierda que, como los mitos establecidos (microbio dios), enferman. La psiquiatría como la coacción que ejercen fachos poetas con sus "juegos de verdad" definidos por un saber o modelo médico, como analiza Focault. Prácticas de poder. Relaciónes siempre de poder y con violencia pero las que amamos son las ludicas. Nos gusta ver a los animales disfrutar. Sentimos un compromiso con el lenguaje, y es el de destruirlo como abstracción, osea hacerlo cuerpo. Una nueva forma de hablar implica nuevas relaciones de poder.



BONOBO NO (negamos para que la n no quede sola al final, porq no somos una golosina que se consiga en el mercado)

1 comment:

MercuriiDeum said...

Acabo de pasar revista a tu blog ... me gusto mucho ... gracias por tu comentario, mucha suerte y sigue adelante ...

"Por donde yo camino todo se ensombrece, y todo lo que yo toco se marchita" (F.W. Nietzsche)